Con cuentas de donación, puntos de acopio y una cadena de manos que no ha dejado de crecer, la región responde al llamado de reconstruir lo que el terremoto del 10 de agosto se llevó.
Diez días después de que la tierra sacudió a Risaralda, algo distinto empezó a moverse en Santa Rosa de Cabal: la solidaridad. No hay una sola oficina ni una sola cuenta bancaria detrás de esta historia, sino decenas de manos —bomberos, vecinos, un concejal, una universidad, comerciantes de Pereira— que decidieron que reconstruir no podía esperar a que alguien más lo hiciera.
Mientras las autoridades nacionales todavía calculan de dónde saldrá el dinero para levantar lo que el sismo derribó, en la región ya se están recogiendo, casa por casa, los primeros ladrillos de esa reconstrucción.
Los primeros en llegar: bomberos y vecinos organizados
En Santa Rosa de Cabal, el Cuerpo de Bomberos Voluntarios fue de los primeros en abrir sus puertas para recibir alimentos no perecederos y kits de aseo destinados a las familias afectadas. A pocas cuadras, en la carrera 16 con calle 3, un centro de acopio comunitario liderado por el concejal Steven García se convirtió en punto de encuentro para quienes querían ayudar: comida, productos de higiene y, cada vez más, materiales de construcción para las zonas rurales de San Bernardino, Pío XII, La Campiña y El Español, algunas de las más golpeadas por el sismo.
La gestora social Verónica Zapata confirmó que la ayuda ya llegó a varios sectores del municipio y que ahora arranca una segunda fase, enfocada exclusivamente en materiales para reconstruir: tanques de agua, plástico, tubería PVC, cemento, ladrillo y teja. Quien quiera colaborar puede comunicarse al 301 818 6478, o acercarse a los puntos de recepción habilitados en el Cuerpo de Bomberos, el Palacio Municipal y el centro de salud La Hermosa; los materiales de construcción se reciben en el taller de Obras Públicas.
A esa red se sumó la Corporación Universitaria Santa Rosa de Cabal (Unisarc), que abrió una cuenta específica —Banco Davivienda, número 127569998405— pensada para algo muy concreto: ayudar a reconstruir las fincas de la región, el sustento de cientos de familias campesinas.
Pereira y la Gobernación abren sus propias puertas
La respuesta no se quedó en Santa Rosa. La Gobernación de Risaralda habilitó una cuenta de ahorros en Davivienda para recibir donaciones en efectivo, mientras que la Alcaldía de Pereira hizo lo propio a través de una cuenta en Bancolombia, a nombre de la Sociedad de Mejoras de Pereira. En la capital risaraldense, ocho cafés de la ciudad se transformaron en puntos de acopio: allí se puede llevar ropa, recipientes desechables para alimentos, elementos de aseo, cobijas, colchonetas e incluso alimento para mascotas, porque las familias que perdieron su casa no perdieron a sus animales.
Una fiesta que se convirtió en ayuda
La solidaridad también sonó fuerte, literalmente, a varias horas de distancia. El 15 de agosto, en el centro de eventos La Macarena de Medellín, más de 25 artistas —entre ellos Luis Alfonso, Pipe Bueno, Kapo y Felipe Peláez— se subieron al escenario del concierto «Colombia, Medellín Te Quiere», impulsado por el alcalde Federico Gutiérrez. Al final de la noche, la cifra sorprendió incluso a los organizadores: 6.000 millones de pesos y 31 toneladas de ayuda, destinados a Chocó, Valle del Cauca y el Eje Cafetero.
La otra pregunta: de dónde saldrá el resto del dinero
Detrás de cada donación individual hay una pregunta más grande que el país todavía no termina de responder: ¿de dónde saldrán los recursos para una reconstrucción que, según cálculos de la Presidencia, podría costar 30 billones de pesos? El centro de pensamiento Anif propuso hace pocos días una hoja de ruta con seis caminos posibles, sin crear impuestos nuevos: reasignar recursos de inversión que el Gobierno todavía no ha ejecutado este año (20,1 billones de pesos disponibles, según el gremio), liberar y focalizar recursos del Sistema General de Regalías, crear líneas de crédito blandas con el respaldo del Fondo Nacional de Garantías, extender temporalmente mecanismos como obras por impuestos hacia ciudades como Pereira y Manizales, y abrir un «anticipo solidario» para que quien quiera pueda adelantar voluntariamente parte de su declaración de renta.
Son, todavía, propuestas sobre la mesa. Lo que ya es un hecho, en cambio, es lo que está pasando en las calles de Santa Rosa de Cabal: que mientras el país decide cómo financiar la reconstrucción a gran escala, la comunidad ya empezó la suya, un bulto de cemento y una bolsa de mercado a la vez.

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