Este miércoles, millones de fieles de la Iglesia Católica en todo el mundo participan en el rito de la imposición de la ceniza, una práctica litúrgica que marca el inicio del tiempo de Cuaresma y que tiene profundas raíces bíblicas, teológicas y pastorales.

Según la enseñanza oficial de la Iglesia contenida en el Misal Romano y en el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia, la ceniza es un signo penitencial que recuerda la fragilidad humana y la necesidad de conversión. Durante el rito, el ministro traza una cruz en la frente del fiel mientras pronuncia fórmulas tradicionales como: “Conviértete y cree en el Evangelio” o “Recuerda que polvo eres y al polvo volverás”. Estas expresiones resumen el sentido central de la jornada: reconocer la condición humana y renovar el compromiso espiritual.

La Conferencia Episcopal de Colombia ha explicado en orientaciones pastorales que este gesto no es un acto de superstición ni una tradición simbólica vacía, sino un llamado concreto a la conversión interior, a la reconciliación con Dios y al compromiso con obras de caridad, oración y ayuno durante los 40 días previos a la Semana Santa.

Históricamente, la ceniza proviene de la quema de los ramos bendecidos el Domingo de Ramos del año anterior, lo que refuerza la continuidad litúrgica y el sentido de ciclo espiritual dentro del calendario cristiano. En la tradición bíblica, cubrirse con ceniza era señal de arrepentimiento y humildad ante Dios, práctica mencionada en varios textos del Antiguo Testamento.

Pastoralmente, los obispos recuerdan que recibir la ceniza no es obligatorio, pero sí altamente significativo para quienes desean iniciar la Cuaresma con un propósito de renovación personal. El gesto externo —insisten— solo tiene sentido si va acompañado de un cambio real de vida, reconciliación, perdón y solidaridad con los más necesitados.

Así, más que un simple rito, la imposición de la ceniza es presentada por la Iglesia como una invitación universal a detenerse, reflexionar y volver a lo esencial: la fe, la esperanza y el amor al prójimo.

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